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miércoles, 6 de junio de 2012

¿Cómo responde el cerebro ante las caricias?

cariciasUn roce con la nariz en el cuello, un arrumaco suave en la rodilla, un dedo que se desliza alrededor del lóbulo de la oreja... Son caricias que podemos percibir como agradables y placenteras muestras de amor o como un verdadero ataque, según de quien procedan. Neurocientíficos del Instituto Caltech de California (EE UU) han descubierto que de establecer esta diferencia se ocupan neuronas presentes en el córtex primario somatosensorial del cerebro, que no solo evalúa el contacto físico "objetivamente", sino también la carga emocional. Los resultados se publican hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Utilizando un escáner de resonancia magnética funcional, los investigadores observaron el cerebro de hombres heterosexuales que eran acariciados en la pierna a la vez que veían un vídeo de una mujer atractiva acariciando la piel, en unos casos, y el mismo vídeo protagonizado por un hombre, en otros. La primera experiencia les produjo placer, mientras que en el segundo caso los sujetos declararon sentir un rechazo visceral. Esa diferencia coincidió con la actividad registrada en la corteza primaria somatosensorial. "Por primera vez hemos demostrado que esta zona del cerebro, que percibe si un objeto es liso o rugoso, también es sensible al significado social del contacto físico", aclara Michael Spacio, coautor del estudio, que añade que no procesamos por separado las características físicas y las emocionales de una caricia. “La emoción está presente desde el principio”, concluye.

Su compañero de investigación, el holandés Christian Keysers, asegura que "nada en nuestro cerebro es totalmente objetivo". "Nuestra percepción está profundamente marcada por lo que sentimos hacia las cosas y las personas", añade. El hallazgo podría ayudar a modelar las respuestas sociales al contacto físico en las personas que padecen
autismo desde edades muy tempranas.

jueves, 8 de marzo de 2012

¿Ellos y el sexo?

Una de las tres cosas que un hombre se llevaría a una isla desierta con toda seguridad es... su pene. Éste también encabeza la lista de las principales partes que salvaría de su anatomía. La prueba podemos encontrarla en un partido de fútbol: en el lanzamiento de una falta en las proximidades del área, los jugadores que forman la barrera llevan instintivamente sus manos hacia la zona genital. El futbolista prefiere que le partan la cara antes de exponer sus genitales a un balonazo. Parafraseando a Francisco de Quevedo, podríamos empezar describiendo al macho de nuestra especie diciendo: “Érase un hombre a un pene pegado, érase un pene superlativo...” Superlativo, adjetivo clave en la sexualidad masculina. La capacidad de aumentar de tamaño durante la excitación sexual ha convertido el miembro eréctil en un símbolo universal de potencia y virilidad hasta el extremo de que “los hombres están dispuestos a pagar lo que sea para aumentar de estatura en sentido fálico”, asegura el etólogo británico Desmond Morris en su libro Masculino y Femenino.

Un objeto de culto que marca la personalidad

Para la mayoría de los hombres, el pene se erige como la pieza más preciada y venerada de su cuerpo. “La personalidad, el comportamiento y las decisiones masculinas vienen en gran medida mediadas por la idea que cada hombre posee de su pene”, asegura el doctor Dudley Seth Danoff, urólogo de la Facultad Clínica de la Universidad de California en Los Ángeles, EE UU, y autor del libro Superpotency. En nuestra sociedad falocrática, el pene grande e infatigable es símbolo de poder y dominio, mientras que cualquier alteración en su funcionamiento o discreción en la talla constituyen una fuente de frustraciones e inseguridades que desemboca en serios trastornos psicológicos. Los sexólogos aseguran que los varones concentran la mayor parte de su potencial erótico en el miembro viril, que queda resumido en tres acontecimientos sexuales: excitación, erección y eyaculación. Por otro lado, durante siglos se han abonado numerosos mitos que apuntalaban la idea de que el hombre es el sexo fuerte: los hombres siempre deben desear las relaciones sexuales, incitarlas y estar preparados para superarlas; el “verdadero hombre” nunca pierde la erección; el hombre siempre debe llevar a su pareja al orgasmo o, preferiblemente, a múltiples éxtasis; la relación erótica siempre implica una penetración seguida del orgasmo; el hombre debe dominar a su compañera en la cama; todo contacto físico con el sexo opuesto debe conducir al coito...

miércoles, 11 de enero de 2012

¿Diferencia entre hombres y mujeres?

Es la conclusión a la que ha llegado un equipo de psicólogos europeos tras estudiar las respuestas de más de 10.000 sujetos a un test de personalidad llamado 16PF (cuestionario de 16 Factores de la Personalidad) que analiza 15 rasgos distintos del carácter. Según explican los autores en la revista PLoS One, este modelo permite analizar mejor las diferencias de personalidad entre hombres y mujeres que los clásicos estudios basados en solo 5 aspectos (The Big Five, es decir, estabilidad emocional, amigabilidad, extroversión, apertura a la experiencia y responsabilidad).

Los resultados del análisis realizado por Marco del Giudice, de la Universidad de Turin, y Paul Irwing, de la Universidad de Manchester, muestran que entre los factores que más diferencian a ambos sexos destaca sobre todo la sensibilidad, que predomina en el género femenino. También son cualidades más propias de las mujeres la calidez, la cordialidad y la aprensión. La estabilidad emocional, la vigilancia y la adherencia a las reglas se vinculan principalmente al sexo masculino, concluyen los autores.

Según apunta Giudice, la sensibilidad es un rasgo esencial ya que permite diferenciar entre personas que son sensibles, sentimentales, intuitivas, blandas o mentalmente débiles, y aquellas que son utilitarias, objetivas, poco sentimentales o duras.

jueves, 15 de diciembre de 2011

¿ malinterpretamos las señales del sexo opuesto?

Normalmente los seres humanos malinterpretamos las señales o "pistas" sexuales que nos envía el sexo opuesto. Al menos eso es lo que se desprende de una nueva investigación estadounidense. “Hay muchos estudios que muestran que los hombres habitualmente piensan que las mujeres están interesadas en ellos cuando realmente no lo están”, explica Carin Perilloux, del Wiliams College de Massachusetts (EE UU), coautora del estudio. “El nuestro es el primero en examinar de forma sistemática las diferencias individuales”, añade.

En un experimento de citas rápidas, los investigadores comprobaron que los hombres tienden a sobreestimar el efecto positivo que causan en las mujeres, y suelen pensar que las mujeres se sienten atraídas por ellos aunque no sea cierto. Curiosamente, cuanto más atractiva es una mujer, más sobreestiman los hombres su interés sexual hacia ellos. Las mujeres, por el contrario, tienden a infravalorar la atracción que causan en el sexo opuesto.

Desde el punto de vista evolutivo, explican los autores en un artículo publicado en la revista Psychological Science, estos supuestos “errores” mejoran el éxito reproductivo en los hombres. En otras palabras, los hombres que “van a por todas”, incluso ante el riesgo de ser rechazados, tienen más probabilidades de "conseguir a la chica", concluyen.